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¿Y los sistemas hidropónicos cerrados para cuando? (Opinión).

Esta entrada fue publicada originalmente en en blog de Agrostart, donde un servidor colabora.

La hidroponía y los invernaderos han resultado ser excelentes herramientas para mejorar las producciones hortícolas y eficientar el uso de los recursos disponibles; y su implementación va aumentando año tras año. Dentro de la hidroponía se pueden manejar dos tipos de sistemas de producción en referencia al camino que sigue la solución de nutrientes a lo largo del ciclo.

Los sistemas hidropónicos consisten, entre otras cosas, en que la solución nutritiva es alojada en un depósito y de ahí es bombeada hacia las plantas por medio de un sistema de riego. Una vez que es depositada a la altura de las raíces de las plantas cierta cantidad es absorbida por las mismas y otra tanto se desperdicia. Es aquí donde se tienen dos opciones: la primera es dejar que los drenajes escurran libremente y se pierdan por infiltración en el suelo, en cuyo caso estamos hablando de sistemas hidropónicos abiertos; o la segunda representa captar dichos drenajes para enviarlos a otro depósito para su posterior reutilización, que es cuando se habla de sistemas hidropónicos cerrados.

Los sistemas abiertos son los más difundidos en la actualidad, porque representan menor inversión de recursos y por ende de dinero. Esto es porque un sistema cerrado requiere al menos otro depósito para guardar los drenajes recirculados, además de un par de bombas más y otro tanto de tubería, válvulas, filtros, etc., sin olvidar por supuesto el sistema de desinfección, que puede ser de rayos UV como el ejemplo más común, porque ciertas enfermedades pueden transmitirse mediante el agua por lo que esta debe ser desinfestada antes de volverse a utilizar.

Raíz de pepino en un sistema cerrado.

En favor de los sistemas cerrados tenemos varios puntos, el primero de ellos es que a mediano y largo plazo los costos de producción tenderán a disminuir debido a que la cantidad de agua utilizada será menor porque estaremos reutilizando cierta cantidad, del mismo modo la solución recirculada trae consigo algo de los nutrientes que la planta no absorbió y por ende no se vuelve a preparar solución nutritiva como tal, más bien se habla de “ajustar” la solución, por lo que el uso de fertilizantes también disminuirá en cierta medida.

Otra gran ventaja de los sistemas cerrados es que son más respetuosos con el medio ambiente, porque no se afectan tanto los ecosistemas, es especial lo suelos, como ocurre con los sistemas abiertos, donde las sales de los drenajes desequilibran las propiedades del suelo; porque hay que recordar que los fertilizantes son sales.

Entonces, si los sistemas cerrados permiten reducir el consumo del agua y además dañan menos al medioambiente, mi cuestionamiento es ¿porque no se ha impulsado fuertemente su utilización?. Analicemos un poco la situación:

Actualmente por todos lados vemos anuncios que nos invitan a cuidar el agua, a hacer conciencia respecto de que es un elemento del cual hemos estado haciendo un uso desmedido, pero al parecer de tanto que lo hemos escuchado ya no nos hace eco en la conciencia. Sin embargo, lo queramos aceptar o no, la presión demográfica que ejercemos como población mundial sobre los recursos naturales ha sido desmedida y en cualquier momento comenzaremos a pagar las consecuencias, como ya ha empezado a suceder en varios lugares.

Afortunada o desafortunadamente, América Latina es una tierra abundante en recursos naturales, y digo desafortunadamente porque como individuos y como sociedad tendemos a esforzarnos menos cuando disponemos de los medios adecuados de sobrevivencia; no por nada la tecnología de punta en invernaderos e hidroponía la tienen Holanda e Israel, que se encuentran en lugares que podríamos llamar inhóspitos debido a los climas extremos imperantes, de temperaturas muy bajas y poca duración del día en el caso de Holanda y de temperaturas elevadas y poca disponibilidad de agua en el caso de Israel.

Pero nuestras limitaciones comprenden no solo el aspecto social. No es posible introducir la tecnología que funciona en un país a otro distinto sin la realización de estudios o adaptaciones a la misma; es en este tema donde los centros de investigación de América Latina, llámense universidades, se quedaron rezagadas durante mucho tiempo en el desarrollo de estos temas, y es de unos años para acá que realmente se han puesto manos a la obra para desarrollar sistemas de producción acordes a cada país.

Es verdad que hay que mencionar que en algunos lugares de Latinoamérica existen programas de investigación en hidroponía e invernaderos que ya llevan mucho tiempo trabajando; pero aquí entra un tercer elemento: los gobiernos. Las personas encargadas de ejercer el poder deben ser gente visionaria capaz de ver hacia futuro para implantar líneas de desarrollo a nivel país. Al parecer en la actualidad poco a poco los gobiernos están entendiendo la importancia de la producción respetuosa con el ambiente porque han comenzado a apoyar el desarrollo de tecnología acorde con ello, aunque de manera muy pausada.

Tal es así que en muchos países la normativa oficial referente a invernaderos e hidroponía es prácticamente inexistente y en otros tantos la legislación en este tema apenas va comenzando a realizarse, como en el caso de México. En Holanda por recalcar el ejemplo citado, una gran parte de la producción utiliza sistemas hidropónicos con recirculación, es decir cerrados; no porque los productores así lo hallan decidido si no porque es una normativa implementada por el gobierno en pro de salvaguardar sus recursos naturales, los cuales no les sobran.

Por ello es una obligación para los investigadores, las instituciones científicas y los divulgadores insistir en el uso de sistemas y técnicas que sean más eficientes, a fin de mostrar que es posible realizar agricultura respetando los ecosistemas.

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